diciembre 4, 2012 Uncategorized 2 comentarios

Los nervios empiezan a aflorar, al igual que las dudas y los miedos. Ahora que las piernas dejan de entrenar, es la cabeza la que  empieza a hacerlo. Es ahora cuando uno se da cuenta de si está preparado para enfrentarse a un reto de este tipo. Todo el tiempo que antes dedicabas a entrenar ahora lo dedicas a pensar, a imaginar ese día, a intentar visionar todos y cada uno de los kilómetros que vas a hacer. Intentas vivir los problemas a los que te vas a enfrentar, para que ese día no sean unos desconocidos para ti. Para saber como enfrentarte a ellos. Preparar la cabeza para lo peor, para el sufrimiento y el dolor, para la impotencia y la debilidad . Para saber gestionar esos momentos en los que no vas a poder ni hablar, donde tus piernas no van a poder dar ni un paso más y tu vas a querer seguir.

El fracaso no está en no completar una distancia, no radica en no alcanzar una meta. El fracaso radica en el conformismo individual. En no hacer nada para superarse y para cambiar algo por miedo a no alcanzar lo deseado. No dar un paso para llegar a donde deseas, ese el verdadero fracaso. Por eso no contemplo el fracaso para el día 14. ” Si quieres conseguir algo que nuca has logrado, debes hacer lo que nunca has hecho”. He entrenado como nunca antes lo había hecho, con eso para mi ya es suficiente. Ya he ganado. He trabajado y me he esforzado hasta que las piernas han podido. Es ahí donde radica el éxito, en el trabajo y el esfuerzo máximo para poder llegar a donde quieres.

… mis piernas van a correr un número indeterminado de km, entrenas para que aguanten lo máximo posible, pero sabes que en algún momento te van a dejar. Es ahí donde la cabeza empieza a trabajar. Ella tirará de ti cuando las piernas me fallen. El sufrimiento y el dolor contra tu cabeza, cada zancada es una lucha en la que poco a poco tu cabeza se ve superada por la fuerza con la que estos la golpean, hasta vencerla. Es  ese instante en el que cabeza se aleja de ti. Tan sólo te queda el corazón para empujar. Es aquí donde se ve la pasta de la que estás hecho. Todo te lleva al abandono, las fuerzas y la razón te fallan, no tienes nada más dentro de ti para poder seguir… es aquí cuando se ve que clase de hombre eres y la fuerza interior que tienes. Mi miedo es no saber enfrentarme a ese instante, en el que eres más débil y vulnerable que nunca. A no superar una verdadera adversidad, sabiendo que de hacerlo, alcanzarías una meta soñada. Esa meta no son un número de km concretos, sino una situación que se puede dar a lo largo de ellos.